Símbolos de la identidad de Caracas del valle al mar, arquitectura, cultura y paisaje

Paisajismo

Julio César Mesa: memoria y perspectivas del hecho construido


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A través de un enfoque que nos recuerda su disciplina de arquitecto, la fotografía de Julio César Mesa retrata la ciudad, sus edificaciones y paisajes. El fotógrafo captura rigurosas imágenes que revelan fielmente la realidad del “hecho construido”. El dispositivo de Mesa, desprovisto de manipulaciones, busca revelar la condición del sujeto revelando al mismo tiempo su historia.

Apelando a una composición sin manierismos, las imágenes de Julio César ofrecen retratos de la ciudad que parecen constituir una diligencia proyectual, mitad alzado mitad fotografía. Julio nos propone sinónimos de perspectivas cónicas, caballeras y axonometrías, produciendo instantáneas que devienen sistemas de representación y vehiculan una idea, una visión de creador.

La fuerza de las imágenes de Julio César reside en la capacidad de encontrar el momento y el enfoque perfecto en los que los elementos constructivos, los personajes y los elementos constitutivos del paisaje se coordinan como instrumentos de una orquesta para producir la narrativa más precisa, el dibujo más exacto de las intenciones de los artífices de un edificio o de un paisaje urbano.

Las capturas del arquitecto originario de Caracas y egresado de la Universidad Central de Venezuela no son solo un acercamiento de proyectista sino que parecen figurar un previo a proyecto. Las imágenes de Mesa son un análisis de sitio y un ejercicio de arquitectura concentrado en dos dimensiones a color.

En las palabras del autor, sus imágenes buscan evocar la “sazón del paso del tiempo”, otra forma de hablar de la capacidad de la fotografía para imprimir la memoria y constituir testimonios de la ciudad y su arquitectura.

De Caracas le viene, sin duda, al fotógrafo su particular interés por la arquitectura moderna de mediados del siglo XX, sus obras de la capital venezolana desvelan en un mismo gesto los espejismos de un pasado ilustre y un presente incierto, haciendo de su trabajo fotográfico el soporte ideal para repensar la ciudad del futuro en un mundo en transformación.

En el trabajo  de Julio César Mesa se destaca una constante dimensión que podemos calificar de “urbanística”. Por no encontrar mejor sinónimo a ese término controversial podríamos hablar de una “dimensión paisajística”. Mesa es recurrente en la apertura a la escala del paisaje, sus retratos observan con la misma atención fondo y figura, edificio y contexto.

El buen ejercicio de la ciudad se encuentra sin duda en la capacidad de combinar en un diálogo armonioso, una visión de ciudad –que traduce una de sociedad– y el paisaje, no como entorno o ambiente, sino como personaje y figura.

Mas informacion y galerias fotograficas en www.juliotavolo.com

César Silva Urdaneta

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En la fotografía se observa una de las torres gemelas del complejo Parque central, los trazados de la avenida Lacuna y Bolívar que conduce a la sede del Palacio de Justicia y a las Torres del centro Simon Bolivar, al fondo el paisaje de colinas urbanizadas característico de la ciudad de Caracas.

 


Paisajes del futuro de la Ciudad de nuestro desvelo


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Foto cortesía Suwon Lee suwonlee.com

Son ya diez años desde el lanzamiento de Ciudad Evolutiva, un proyecto de arquitectura, urbanismo y paisaje que, en sus esfuerzos de construir la Caracas del futuro, intentó descifrar su identidad. Una década después, la identidad de la urbe sigue siendo tan crucial para ella como para sus habitantes. Qué simboliza Caracas, quiénes comparten los mismos símbolos, más allá de Catia y Petare; qué representa la capital para los que viven a su margen, cuáles son sus linderos, qué es la Gran Caracas y cuál es la resonancia de esa denominación casi olvidada. Hasta dónde se extiende la identidad de una ciudad que acaudala tantos sueños y aspiraciones.

Sus últimos años han sin duda sido los de borrar sus símbolos. Si como lo dijo Cabrujas, para reinventar la ciudad hubiese que primero destruirla. Adiós a tantos símbolos de su paisaje urbano, no están ya ni la tasa de Nescafé ni la esfera de Pepsi, el logo de Savoy ya no domina el paisaje de los Chaguaramos con su “sabor venezolano”. Lo lamentamos sin darnos cuenta que habíamos, tal vez, consagrado como emblema a dispositivos publicitarios. Cuando el presente se hace tenebroso nos aferramos a todo lo que nos recuerda un pasado mejor. 

Pero cómo no llorar sus casas vascas que los conquistadores del erario público transforman en el dolor de las retroexcavadoras en torres de marfil, cuánto nos duele la desaparición de los rastros de esa Caracas de inmigrantes y de prosperidad que tanto nos hizo soñar, el deterioro de su fascinante arquitectura y urbanismo moderno. Se quiebra un pasillo cubierto, rompe el llanto.

A veces, parece que extrañamos una ciudad que ya no existe, pero como lo escribió Pablo Antillano, Caracas merece y demanda una mirada que se sobreponga a todos los obstáculos.

Por eso elegimos encariñarnos con su futuro, intimar con su devenir. Como la plantea en su ensayo Caracas será interior Jonathan Reverón. El cineasta y escritor venezolano nos habla del insomnio de su presente y prefiere refugiarse en una esperanza pragmática para concentrarse en una Caracas del futuro que ama la vida. ¡Qué magnífico escenario Caracas para enamorarse del mañana!

Por esta razón, nos apasionamos de lo vivo, de eso que permanece, así Isaac Pérez Solano nos habla en su ensayo Caracas: otro plano del futuro, de nuestro común amor a la ciudad en la que de vez en cuando nos da el sentimiento de habitar en un Jardín Botánico. Es así como el escritor caraqueño hace coincidir la esperanza de su futuro con su “vernalización”, encontrando en la botánica la metáfora ideal de las condiciones de su florecimiento.

En el marco de la celebración del aniversario fundacional de Caracas y de los 10 años del proyecto Ciudad Evolutiva, ambos autores fueron invitados para contarnos en ensayos sus visiones de la Gran Caracas por venir.

Bajo la misma premisa, el artista Carlos Sánchez Becerra reinterpreta imágenes del proyecto en una visión de la ciudad del futuro. 

A través de una plástica llena de lirismo, Sánchez Becerra propone espejismos de una ciudad mestiza, a veces esquizofrénica, tumultuosa y heterogénea. Como si logrando transparentar el prisma de su violencia se lograse entrever un arcoiris que esconde un tesoro de criaturas antropomórficas, un derroche de vida y de energía. Sus pinturas revelan el aspecto de una urbe que construye su belleza en la cristalización de los contrastes: vegetal y mineral, humana y animal, urbana y rural, pobre y opulenta, blanca y negra. El futuro de Caracas surgirá sin duda en una nueva alquimia que proponga la articulación de sus diferencias para ofrecer a todos sus habitantes espacios de encuentro, una ciudad de convivencia.

La invitación a los tres autores propone celebrar las fechas del aniversario explorando las figuraciones de una ciudad mejor a través de lo sensible y de lo surreal. Buscando enlazar un pasado utópico y un presente incierto a un mejor futuro.

Irreductiblemente optimistas, arquitectos y urbanistas no renunciamos a imaginarle a Caracas un mañana óptimo. En esta intención se inscriben las invitaciones.  Con esa misma energía que hace que el gremio en su conjunto se precipite a responder a cuanto concurso nos permita soñar en dibujarle un futuro. Cuántas serenatas le dedican a Caracas las escuadras de sus estudiantes de arquitectura o urbanismo, cuantas atenciones los profesionales de la ciudad. 

Y qué urbe goza de tantos esfuerzos, incluso para conocerla, para aprender a mirarla, cuántos “arquitours”, semanas de la ciudad, cuántas guías de Caracas del valle al mar (Iván González Viso, Federico Vegas, Peña de Urbina Peña – 2015), y cuántas “rutas de autor” pueden atravesar una ciudad tan fragmentada. En su papel literario de 2003, El Nacional celebraba el aniversario fundacional de Caracas con un ensayo sobre un recorrido en la Ciudad Universitaria, como una iniciativa contra el antipático metal de la costumbre. Sus habitantes se rehúsan a aburrirse de la ciudad y son miles los caminos que proponen para redescubrirla.

De acuerdo a la afirmación de la arquitecto Hannia Gómez, Caracas, como la ciudad de Florencia, la fuimos construyendo para contemplarla cuando sus colinas se empezaron a urbanizar para mirar. Posiblemente, de tanto observarla, Gómez le consagra en cada letra tanta devoción, defendiendo con la misma energía una fuente de cuatro garzas en el centro histórico de Petare o el tesoro que Gio Ponti escondió en el Cerrito.

Así se acumulan las incontables atenciones que ha recibido la ciudad de habitantes e invitados, pues cómo resistir a uno de los sitios geográficos más privilegiados entre las capitales del mundo, a sus paisajes y su flora. En 2001, Enrique Peñalosa Londoño, Alcalde de Bogotá, nos recordaba durante una conferencia que Singapur está arborizada con los legendarios samanes de la capital para concluir que Caracas es absolutamente perfecta. Ya en los años 50, el historiador norteamericano HenryRussell Hitchcock quedaba fascinado al descubrir la extraordinaria condición de su valle florido. Para anunciarnos como una premonición que “Caracas nunca tendrá el enorme tamaño de la Ciudad de México o Buenos Aires, ni el encanto relajado de Rio, pero con su admirable sitio asentado en las montañas y sus espectaculares paisajes celestes, ya ofrece un bosquejo más avanzado de la ciudad moderna que incluso São Paulo. 

Caracas goza además de la fiel protección de tantos ilustres personajes. Para solo mencionar dos célebres “especialistas”, cómo no pensar en el acercamiento de arqueólogo apasionado de Graziano Gasparini o en el empeño de William Niño Araque que no dudaba en decir de Caracas me gusta todo, las lluvias, las sequías, la expresión de los conflictos; aquí lo malo es transitorio frente al imperio de la belleza, la topografía, el clima, los vínculos con el mar, la proporción del valle, las plantas, el ambiente tropical-caribeño de selva húmeda… Caracas es una de las urbes más hermosas del planeta, y única por El Ávila, inigualable jardín vertical.

En lo miles matices del verdor que domina la ciudad, se asienta la conclusión de este enésimo intento por alabar a la “Sucursal del Cielo”

De nuestro origen forestal nos queda como especie una sensibilidad particular a los tonos de verde, dentro de todos los colores son los que percibimos con mayor precisión y diversidad.

Este regalo de la evolución sirve de pretexto para proyectar que las indispensables transformaciones de Caracas vendrán sin duda del reencuentro de la nobleza de su condición natural. En la masa biológica de la metrópolis residen sus esperanzas, imaginemos por unos instantes: la cobertura vegetal del Ávila se extiende y desarrolla en la capital venezolana a lo largo de sus caños y quebradas. Enverdecidos y renaturalizados estos nuevos paisajes son devueltos a los habitantes de la ciudad, acogiendo espacios públicos y naturales que reinventan la aventura colectiva de la polis. El río Guaire, liberado de su prisión de hormigón, se transforma, a la vez, en pulmón vegetal y corredor de las movilidades que reclama el futuro, espacio a los peatones, ciclovías y transportes alternativos. Estos nuevos paisajes del verdor y del civismo son diligentes con nuestros desatendidos barrios, ofreciéndoles equipamientos públicos y un acceso a la naturaleza, a sus infinitos beneficios… 

No es muy difícil vislumbrar un mejor futuro para la “Sultana de El Ávila”, son tantos los recursos de los que dispone para ascender, del mar al valle, a su condición ideal.

La calima, que a veces nos asfixia, es el milagroso maná que alimenta el ecosistema más diverso del planeta. Cargada en fósforo y nitrógeno, el polvillo que nos molesta, venido del Sahara, continúa su viaje para nutrir la cuenca del Amazonas y las más grandes extensiones de selvas vírgenes del mundo. Así nos espera el futuro de Caracas, en el abrazo de sus samanes y en la voluntad de transformar sus accidentes en oportunidades.

César SILVA URDANETA

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Fotografía cortesía Charles Brewer, Guia de Caracas del valle al mar: Guia de arquitectura y paisaje.


Charles Waldheim: Una arquitectura de atmósferas – Paisajes emergentes


In English. Paisajes Emergentes trabaja desde Medellín, Colombia. Fue fundado en 2007 por Luis Callejas (Medellín, 1981), Edgar Mazo (Medellín, 1976) y Sebastián Mejía (Medellín, 1982). 

Texto escrito y publicado originalmente para la exposición LIGA 02 Inundaciones/Floodings Paisajes Emergentes en LIGA Espacio para arquitectura, una rica plataforma de exposiciones en la Ciudad de México que actualemente alberga una exposicion sobre el trabajo de Paisajes Emergentes. LIGA es una iniciativa sin fines de lucro, organizada por los arquitectos Abel Perles, Carlos Bedoya, Víctor Jaime y Wonne Ickx del despacho PRODUCTORA, en colaboración con Ruth Estévez, curadora y crítica de arte.

Charles Waldheim: Una arquitectura de atmósferas.

En la era posmoderna, la cultura arquitectónica ha llegado a emular la cultura de la moda. Esta cultura se basa en una programada y continua producción de novedad, sincronizada cautelosamente con los ciclos de los medios de comunicación. Esta cultura y su culto a la celebridad se encuentra, hoy en día, firmemente afincada a nivel mundial. Como resultado, la vida útil de cualquier discurso arquitectónico ha disminuido a grandes pasos. Debido a esta demanda incesante de novedad producida, es más difícil lograr la innovación arquitectónica. Ocurre de vez en cuando, en el lugar menos pensado y por propia lógica orgánica. Este trabajo es a menudo difícil de reconocer y diseminar.

Uno de los peligros de la industria de la moda-arquitectura, ha sido su efecto anestésico sobre nuestra sensibilidad cultural colectiva respecto al pensamiento original y la genuina innovación arquitectónica. Cuando la ola de lo nuevo se presenta, la mayor parte de las veces sucede en contextos oscuros y marginados resistiéndose a una fácil categorización. A pesar de esta condición cultural y la dificultad que supone difundir la benemérita obra de nuevos talentos, la arquitectura surge en formas nuevas y estimulantes. Y la arquitectura persiste como una vibrante forma donde todavía es posible innovar. Ningún estudio contemporáneo representa mejor este perenne potencial de shock innovador a través de la arquitectura, que el trío de jóvenes arquitectos colombianos que conforman el colectivo “Paisajes Emergentes”.

El trabajo de Paisajes Emergentes se materializa a través de una sorprendente variedad de proyectos que abordan ágilmente una amplia gama de escalas y temáticas. La provocativa apropiación del cargado término “Paisaje” para describir su práctica, señala su ambivalencia respecto al papel tradicional de la profesión del arquitecto. Apunta además hacia un conocimiento de la cultura arquitectónica internacional y la reciente recuperación del paisaje como medio de diseño. En combinación con el adjetivo “emergentes”, la apropiación del paisaje sirve de marco para sus diversos cuerpos de trabajo ilustrando sus ansias de hacer frente a los imperativos ecológicos de la cultura del diseño contemporáneo, así como la amplia gama de contextos internacionales en los que se proyectan sus obras. Así, Paisajes Emergentes funciona como un nombre efectivo tanto para el medio como para el mensaje de las aspiraciones arquitectónicas del colectivo y que tiene que ver tanto con ‘curar’ atmósferas como con la construcción de edificios.

Muchos de los proyectos de la práctica joven utilizan estrategias específicamente hortícolas o de botánica al servicio del complejo ámbito público. Estos proyectos se resisten a una fácil identificación con las categorías tradicionales tipológicas de paisaje, diseño urbano o arquitectura. Por el contrario, estos proyectos combinan diferentes aspectos de estas disciplinas, a favor de una nueva forma de trabajo híbrida. Esta confluencia de compromisos particulares a cada disciplina, se revela a través de sólidas estrategias de representación, “pirateadas” de sus propios precedentes arquitectónicos y paisajísticos. Pero se revela aún más a través de la misma temática y suposiciones operativas que establece su particular respuesta de diseño para un sitio determinado. El trabajo muestra simultáneamente aspectos de un sitio y un sujeto en particular, mientras que evoca ambientes y emociones remotas y fugaces.

El lenguaje arquitectónico y la sensibilidad en el diseño de Paisajes Emergentes revelan un profundo conocimiento de la cultura arquitectónica contemporánea, y al mismo tiempo de la creciente importancia del medio ambiente como una categoría del pensamiento arquitectónico. En este sentido, el reciente trabajo de Paisajes Emergentes trasciende antecedentes Iberoamericanos, empujando los límites del objeto arquitectónico a sus condiciones extremas, creando entornos, experiencias e incluso, atmósferas. Muchos de los proyectos de Paisajes Emergentes logran todo esto a través de una atenta lectura de los particulares contextos ecológicos o fenomenológicos en los que están situados. Aunque estos efectos pueden revelarse a través del artificio, se describen mejor en el término “paisaje”. Si bien gran parte de la cultura ibérica de arquitectura (y su diáspora internacional) ha participado activamente en la resistencia al paisajismo como una práctica profesional y cultural ascendente en los últimos años, Paisajes Emergentes declaró firmemente su compromiso con el potencial del paisaje en relación a la producción arquitectónica. Al hacerlo, no sólo nos han ofrecido un genuino ejemplo de innovación y un golpe de aire fresco, sino que también han hecho una apuesta generacional y geográfica en la presente lucha cultural para abrir la arquitectura a diversas asociaciones ecológicas y urbanas.

Muchos de los proyectos de Paisajes Emergentes dependen de un profundo conocimiento de la horticultura y la botánica. Sin embargo, sería una mala lectura de su trabajo considerar estos proyectos paisajismo tradicional con un enfoque en el material vegetal como medio de diseño. Más bien, estos proyectos suelen mostrar una calidad ambidiestra, relacionándose fluidamente con desarrollos de landform y procesos ecológicos por un lado y con el lenguaje arquitectónico y la composición espacial, por el otro. Lo que estos diferentes enfoques metodológicos comparten es un interés en la materia específica de la atmósfera en sí: el agua y el aire. En una amplia gama de proyectos, incluyendo el recién terminado Complejo Acuático en Medellín, Colombia, Paisajes Emergentes construye ámbitos públicos complejos a través de una obsesión con el material y las propiedades fenomenológicas del agua. En este proyecto, la lógica hídrica, la experiencia y el potencial del agua en su estado líquido, así como efectos efímeros de luz y el aire nos ofrecen los principales sistemas operativos de un complejo y refinado espacio público. Un poco más lejos, sus entregas del concurso para el Parque del Lago en Quito, Ecuador y la Laguna de Venecia, revelan un compromiso permanente con los diferentes potenciales de un urbanismo hidrológico. En Quito su propuesta yuxtapone la reflectividad y la infinidad de las piscinas que se extienden hacia el horizonte de un campo de aviación abandonado, con las relucientes superficies metálicas de los aviones que una vez ocuparon este lugar. En contraste con la luz brillante y el azul claro de Quito, su proyecto para la Laguna de Venecia se sumerge en las turbias profundidades impenetrables de una Venecia fría, húmeda y oscura. En ambos ejemplos las cualidades fenomenológicas particulares y la experiencia de sitio se muestran a través del más fundamental de sus componentes, el agua. Igualmente, estos proyectos exploran las condiciones asociadas a la experiencia de la fecunda humedad o la luminosa aridez, y construyen espacios públicos plenos a través de condiciones ambientales y atmosféricas establecidas por el agua en sus diversos estados.

Otra línea de investigación importante que persigue Paisajes Emergentes podría ser descrita bajo el término: atmósferas. Al empujar su arquitectura al límite de la representación objetual, más allá de la cuestión de la tierra, hacia el ámbito del clima y la humedad, el colectivo ha desarrollado propuestas a base de neumáticos y la suspensión aérea. En una serie de proyectos, incluyendo su diseño para la monumental estructura en Nueva York u otras ciudades de América del Norte, para el desmantelamiento del aeropuerto de Heathrow a través de una guerrilla de globos, y para la conmemoración de las comunidades afectadas por la planta hidroeléctrica de Ituango en su Colombia natal, Paisajes Emergentes propone una nueva era de inflables.

A través de sus proyectos y mediante esta búsqueda por una arquitectura más allá del peso y la masa, Paisajes Emergentes desarrolla una arquitectura de atmósferas. En este ambiente, el agua en su estado líquido, vapor de agua y el hielo emergen como los principales medios representacionales de una nueva forma de vida pública. En su obra, las cualidades efímeras de la experiencia del aire y del agua vistas a través de la luz, está organizada de la misma manera en que la experiencia secuencial del espacio fue orquestada por las tipologías tradicionales y las subjetividades de la arquitectura del paisaje. Trabajando en los límites de la arquitectura, la obra de Paisajes Emergentes trasciende al mismo tiempo la frontera del objeto arquitectónico, al renovar el potencial cultural de la disciplina como un medio de la innovación genuina. Aunque este cuerpo de trabajo está emergiendo, la energía, la ambición y el optimismo que revelan estos proyectos sugiere que una arquitectura de atmósferas puede ser un crucial paso adelante tanto para Paisajes Emergentes como para la cultura del diseño a nivel internacional.

Fotografias por Iwan Baan

Charles Waldheim
FAAR, Profesor ‘John E. Irving’ y Presidente del Departamento de Arquitectura de Paisaje en la Universidad de Harvard – Graduate School of Design