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La Torre de David. Dos artistas documentan una heterotopia contemporanea


In English. En los años 90 Caracas soñó con un centro financiero resplandeciente , ahora es el edificio invadido más alto del mundo.

Hace veinte años, el empresario venezolano David Brillembourg soñó con un centro financiero brillante, de vidrio revestido en el centro de Caracas, como símbolo de valor económico de la nación. El destino de la Torre Confinanzas fue otro-para convertirse en el hogar de una comunidad informal de 2.500 personas sin hogar que están colonizando poco a poco, y completando, el edificio de 45 pisos sin terminar. Dos artistas venezolanos, Ángela Bonadies y Juan José Olavarría, documentan la historia de una heterotopía contemporánea. Su investigación se resume en esta entrevista realizada por Jesús Fuenmayor, director del Centro de Arte Periférico Caracas, que les pregunta sobre el trabajo resultante, La Torre Por Dentro y Por Fuera.

Torre David: Entrevista a Ángela Bonadies y Juan José Olavarría por Jesús Fuenmayor

1. Jesús Fuenmayor: ¿Hay algún interés resaltante o enfático en aproximarse a este objeto de estudio como una forma de crítica a la modernidad desde el lenguaje del arte? ¿Qué tanta importancia tiene la crisis de la modernidad en la escogencia del objeto y el desarrollo del trabajo?

Ángela Bonadies/Juan José Olavarría: Una crítica a la modernidad está implícita en el trabajo, sin duda, pues es el centro de una promesa incumplida y un proyecto truncado; su crisis funda un nuevo estado de cosas. Pero también es importante resaltar que hay una crítica a un pensamiento dominante y casi obsesivo actual, de parte de buena cantidad de artistas y curadores, por la modernidad, como si fuera el lugar donde “todo se perdió”, enfocándose siempre en el arte y la arquitectura, por lo que se convierte en una mirada insular a la modernidad, descuidando, en el caso particular de Venezuela, el marco histórico y sociopolítico. De alguna manera esa modernidad que se relee y reinterpreta no se extendió ni sentó las bases profundas para convertirse en “cultura” y se quedó en casos aislados, en excepciones.

La elección de este objeto de trabajo, “la torre”, nos conduce a otras épocas y otras situaciones, pre y posmodernas, eso nos interesa. Este edificio no se considera patrimonio, pues no encaja en los parámetros modernos de belleza. Digamos que es un edificio modernizador, producto del boom bancario de finales de los años 80. Formaba parte de un proyecto de urbanización financiera para esa zona de Caracas. Iba a ser una de las torres de un boulevard bancario. Es, de alguna manera, producto del pensamiento de una modernidad bursátil, más cerca de la ideología de la empinada silueta de Wall Street que de las áureas unidades humanistas le corbusianas. Hay mucho encerrado en esa torre antes de ser invadida, una historia económica y política: la imagen de la “emergencia” de grupos de poder fuera de los “amos del valle”, las nuevas fortunas, la bonanza abierta al riesgo y al juego con el superávit, la especulación, la ausencia de controles y la ruptura formal con el culto archipiélago moderno local.

La crisis de la modernidad es la crisis de la utopía. La torre es una heterotopía, lo que vendría a representar un “espacio ambiguo”.

Señora María y su familia en su apartamento en el piso 6, donde vive y vende chucherías

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Cuando se escoge un tema para ser investigado desde un cierto tipo de práctica artística como la de ustedes, que está constantemente poniendo en duda su propio punto de vista, y se escoge un tema tan único como el de la Torre David, ¿no se corre el riesgo de perder algo del filo crítico? Me refiero a que el tema es tan “espectacular”, tan único, que podría rebasar cualquier visión personal y anular la idea de que uno se enfrenta ante todo a una obra, a una investigación artística, y que uno está más bien en presencia de un fenómeno más que de una obra.

Al contrario. Primero, nos acercamos al objeto con una distancia ética y no lo vemos como un fenómeno “freak” a ser explotado. Si eso no se logra, el trabajo está perdido desde el comienzo. La torre no es “un tema” ni un parque temático, sino un espacio-objeto que concentra situaciones que nos permiten observar, investigar y desarrollar un trabajo desde diferentes disciplinas en las cuales estamos interesados; queremos acercarnos a un problema general, que tiene implicaciones históricas, económicas, políticas, demográficas particulares. La torre es un objeto, entre muchos, que representa la falta de sincronía entre los discursos y los hechos, es un espacio sintomático, no es un espectáculo. Las personas que viven ahí no son actores de una obra o un performance, están resolviendo un tema vital.

3. Además, la torre no es un hecho único ni aislado, forma parte de una ausencia y una presencia permanentes. La ausencia de decisiones para enfrentar un problema, la presencia de un colectivo que busca sobrevivir. En este caso, crea un contraste porque en vez de situarse en un terreno baldío o periférico o en un cerro se sitúa en un edificio abandonado, en un rascacielos aspiracional, pero en realidad, es un contenedor que se amolda y asimila para una causa común, la supervivencia, y que representa a su vez otro vacío, el de la fiscalización financiera y otra pelea, entre el poder político y el económico. Al final, todo lo que hacemos es fijar la mira en la huella que deja el poder en su andanza: un vacío en la resolución de problemas y una concentración brutal en las oficinas donde se toman las decisiones. Eso sí es un parque temático. La torre es una realidad tan humana como la geometría.

Hay otras ciudades con casos similares, como Johannesburgo.

Hay dos elementos que participan de manera muy especial en el enfoque del problema (del objeto de estudio): primero, que decidieron “atacarlo” a cuatro manos y segundo que han estado presentando esta aproximación por partes. ¿En qué se basan estas decisiones? ¿Hay algunas decisiones preliminares que las anteceden? ¿Es parte de un plan cuidadosamente calculado o es el objeto de estudio el que impone esta aproximación? ¿Por qué?

El objeto de estudio es el que impone un ritmo. Podemos hacernos una idea de por dónde vamos a abordarlo y tratar de “saber todo” de ese objeto. Pero luego, cuando te aproximas, las decisiones no son sólo tuyas, tienes que contar con otras personas que no participan de tiempos de producción y hay que estar, ver y esperar. Eso está bien. Hay que respetar los tiempos. Las ideas preconcebidas se adaptan y cambian. El trabajo es flexible. Y se va construyendo. A veces es bueno que haya cuatro manos, mientras unas trabajan otras descansan y cuando todas están en el trabajo se complementan.

Izquierda: Un hueco del ascensor perfora el suelo del estacionamiento. Al mirar hacia abajo, se puede observar el preescolar en

el barrio Sarría; hacia arriba, una vista del ala evangélica de la torre. Derecha: Las escaleras que conducen al estacionamiento de la torre.

A pesar de la ausencia de pasamanos, éstas son usadas regularmente por los habitantes del edificio.

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La relación con este “objeto de estudio” debe ser muy ambigua. ¿cuántos rascacielos en el planeta tierra han sido convertidos en un espacio de ocupación ilegal? Probablemente ninguno y sin embargo este edificio no está en el centro de la atención mediática ni acá ni en otras partes (imagino por un segundo que unos okupas invaden la estatua de La Libertad y seguramente nos harían olvidar la caída de las torres gemelas). Ante la ambigüedad de la recepción pública de un evento de estas dimensiones, ustedes qué se plantean: a) estamos ante al mayor ejemplo de la estafa del progreso modernista b) estamos ante un ejemplo que nos deja tan perplejos que no podemos reaccionar c) Esta es la mejor manera de dejar atrás los complejos modernistas.

Hay varios casos en el mundo. En todo lugar donde haya problemas económicos ligados a crisis de vivienda se crean nuevas formas de ocupación. Hay casos similares en Sudáfrica, como dijimos antes. También hay todo un trabajo desarrollado en torno a política, vivienda y economía por parte de artistas comprometidos como Martha Rosler, en Estados Unidos.

Ahora, si hay que elegir entre tus tres opciones, nos quedamos con la última: dejar atrás los complejos modernistas. El arte del presente, como bien afirmó Serge Daney, no puede estar lleno de remordimientos. Es indispensable voltear y ver qué

del pasado proyectó nuestra actual perspectiva, pero no escrutar con gríngolas un determinado período, con los ojos llenos de lágrimas, “en busca del tiempo perdido”.

Roinner Hernández (Ronny), 20, trabaja en un prestigioso salón de belleza en el sureste de Caracas, pero también recibe clientes en su apartamento en el 4to piso de la torre. Como espejo, Roinner utiliza una hoja de vidrio tomada de la fachada de la torre.

En Israel los arquitectos se ponen al servicio de las estrategias militares para diseñar urbanizaciones enteras. En Venezuela los arquitectos tienen que ceder sus ideas a las necesidades más precarias. ¿Por qué se puede tener tanto éxito ejerciendo una profesión (determinando hasta las alturas de las ventanas en función de las bombas) en un lugar y tener tan poco éxito en otras partes (hacer un rascacielos que termina siendo un lugar donde se lanzarán bolsas con heces desde el piso 50)? ¿Qué determinantes culturales hacen posibles estos contrastes? ¿Cuál es el sentido de mantener una profesión dedicada a estos dislates? En fin, cuál es la crítica de la arquitectura como problema de diseño que ustedes tienen que asumir para entender este fenómeno desde un punto de vista cultural.

Aquí no hay problema arquitectónico ni de diseño. El arquitecto de la torre planeó hacer un rascacielos para que operara una empresa, un hotel, un centro comercial. Nadie planeó que se convirtiera en un edificio ocupado o invadido. Simplemente, al no haber respuesta del Estado para el vacío habitacional, la gente transforma todo lo que encuentra “ocioso”. Cuando la gente entra a invadir no ve un edificio con una carga cultural o formal, sino un espacio baldío con techo y escaleras, con espacios amplios para instalarse. El edificio fue dejado a medio construir por un problema político y económico. La arquitectura aquí es simplemente un vehículo para hablar de otras cosas. El contenido se mueve alrededor de ese vehículo, que bien podría ser un puente, un cerro, un terreno o un galpón.

Es cierto que la arquitectura y el urbanismo son temas de Estado, en relación a lo que mencionas de Israel. También es cierto que los regímenes totalitarios benefician un tipo de arquitectura, que termina siendo una parte de su discurso de poder, como el caso emblemático de Albert Speer o una gran cantidad de construcciones monumentales de los países comunistas. Los gobiernos liberales se mueven por un impulso distinto, dedicados al mantenimiento de las obras públicas, a propiciar espacios de consumo y placer, a la creatividad formal como una libertad otorgada. De alguna manera cada Estado “construye” su imagen a través de diferentes decisiones: lo que derriba, lo que levanta, lo que olvida, lo que hace y lo que no hace. Sería interesante hacer un análisis del discurso de nuestro gobierno a través de sus estrategias urbanas o la ausencia de ellas.

Cartelera con las normas y reglamentos para el piso 23, incluyendo información sobre los pagos y una lista de las personas responsables de mantenimiento

Cartelera con las normas y reglamentos para el piso 23, incluyendo información sobre los pagos y una lista de las personas responsables de mantenimiento

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El comentario anterior, obviamente, es de alguien que no ha coexistido como ustedes con las personas que invadieron el rascacielos. Así que, ¿qué importancia tiene esa convivencia con los invasores para ustedes? ¿Cómo ha determinado la investigación que ambos están desarrollando la visión que tienen de este edificio sus invasores?

Este trabajo sufrió una importante ruptura. Al principio nos aproximamos a lo que era para nosotros la idea de la torre, lo que representaba: para la ciudad, dentro del arte venezolano, como forma, retícula, ícono, metáfora. Hicimos una serie de trabajos que reproducían su aspecto formal exterior y su carga simbólica, la retícula como estructura e historia. Fue importante tomar esa distancia. Luego, cuando entramos en la torre, hubo un giro. Podríamos decir que el lenguaje que se maneja dentro es mucho más complejo que nuestra preconcepción. Y no por espectacularidad, al contrario, sino por su organicidad. Todo el mundo quiere

vivir lo mejor posible. Cuando estás dentro no estás en la torre, estás en pasillos comunes, en escaleras o en la casa de una persona, de una familia. La torre desaparece cuando estás dentro y se transforma en un compendio de lenguajes atomizados que conviven bajo el trazado estructural.

Vista sureste de Caracas desde el piso 26. A la distancia se puede distinguir el minarete de la mezquita de Quebrada Honda.

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Ambos han desarrollado un trabajo alrededor del problema de la representación con enfoques muy diferentes. Ángela se aproxima a ese problema como alguien que lo crítica por la vía de sus formas de clasificación. Juan José quiere hacer una iconografía de la desmemoria. ¿Qué es lo que la Torre de David hizo para hacerlos confluir en un trabajo en conjunto?

Comenzamos a trabajar juntos de otra manera, poniendo en diálogo trabajos de cada uno, sobre la representación de la memoria o las posibles memorias. Después de ese ejercicio preliminar decidimos abordar un trabajo en dupla y nos enfocamos en la torre, que nos daba la posibilidad de acercarnos desde diferentes lugares y disciplinas. Y ha funcionado. No hay una razón dominante más que la posibilidad de hacer converger distintas referencias y líneas de pensamiento.

Imágenes: Angela Bonadies y Juan José Olavarría  –  Fuente: http://www. domusweb.it/en/architecture/the-tower-of-david/  –  Douz and Mille (entrevista en español)


From the tallest squat in the world the story of a contemporary heterotopia


En Espanol In the early ’90s Caracas dreamed of a shimmering downtown financial centre—now it’s the tallest squat in the world

Twenty years ago, Venezuelan financier David Brillembourg dreamed of a shimmering, glass-clad financial centre in downtown Caracas to symbolise the nation’s economic prowess. The destiny of Torre Confinanzas was another—to become home to an informal community of 2,500 homeless people who are gradually colonising, and completing, the unfinished 45-storey building. Two Venezuelan artists, Ángela Bonadies and Juan José Olavarría, document the story of a contemporary heterotopia. Their research is outlined in this interview conducted by Jesús Fuenmayor, director of the Caracas Periférico art centre, who asks them about the resulting work, La Torre por dentro y por fuera. 

Jesús Fuenmayor: Did you approach this project as a way to criticise modernity via the language of art? How important was the crisis of modernity in determining your choice of subject and the project’s development?
Ángela Bonadies/Juan José Olavarría:
 There’s definitely an implicit critique of modernity at work in the project, as it’s at the heart of a promise that wasn’t kept, a truncated project. As such, the crisis of modernity is the basis of a new state of affairs. However, it is also important to point out that many artists and curators criticise the dominant and currently obsessive strain of thought regarding modernity itself. It’s as if modernity were the place where “all was lost”, where a continual focus is placed on art and architecture, which subsequently makes it an insular look at modernity that omits, in Venezuela’s case, the surrounding historic and sociopolitical framework. In a sense, the modernity that is re-read and re-interpreted was not elaborated nor did it lay deep enough foundations to become a “culture” as such. Instead, it remained a set of isolated cases and exceptions.

Choosing the tower as our object of study led us towards different eras and other pre- and postmodern situations—and that’s what interested us. The building is not considered heritage because it doesn’t fit into the modern parameters of beauty. This modern building was the product of a banking boom that occurred in the late 1980s, as part of a project to transform this area of Caracas into a financial district. The tower was going to be one of the buildings lining a boulevard of banks. In a sense, it is the result of a philosophy of modernity based on the stock exchange, closer to the ideology of Wall Street’s towering silhouette than perfect humanist Corbusian forms.

Torre Confinanzas Testo alternativo Immagine The “Tower of David” is currently home to 2,500 people. Over time it has become a city within a city: 800 homes, shops, beauty salons, Internet cafes, a football pitch, a basketball court and an evangelical church. Those who live in the building must comply with a set of written rules established by the community.
The tower is filled with economic and political history that predates its appropriation by squatters: the image of the emergence of powerful groups who were not part of the amos del valle (or rather “lords of the valley” with old money). It reflects new fortunes, a bonanza that was vulnerable to risks, surplus value, speculation, the lack of controls, and a rupture of the hegemony wielded by the few local families who had dwelled in an archipelago of modernity. The crisis of modernity is the crisis of utopia. The tower is a heterotopia, which makes it an “ambiguous space”.When you choose a topic to research from a certain type of artistic practice such as yours, which is constantly calling its own point of view into question, and when you choose a topic as unique as David’s Tower, is there not a risk that you lose some critical edge? What I mean is, the topic is so “spectacular”, so unique, that it could go beyond any personal vision and thus annul the idea that we are first and foremost dealing an artwork, an artistic investigation. Does it not instead suggest that we are in the presence of a freak phenomenon rather than an artwork?
On the contrary. Firstly, we approached the object from an ethical distance and we didn’t regard it as a “freak” phenomenon to be exploited. If we didn’t achieve that, then the work is at a loss from the very outset. The tower is not “a topic”, nor a theme park, but a space-object where situations converge that enable us to observe, research and develop a project from different disciplines we are interested in. We want to deal with a general problem that has specific historical, economic, political, and demographic implications. The tower is an object, among many others, that represents the lack of synchrony between deeds and words; it is a symptomatic space, not a spectacle. The people who live there are not acting out a play or performing, they are finding a solution to an issue affecting their lives.What’s more, the tower is not unique or isolated, but is part of a permanent absence and presence: the absence of decisions to confront a problem and the presence of a group of people trying to survive. In this case, there’s a contrast because instead of being on a piece of wasteland, on the peripheries, or up on a hill, this situation is occurring in an abandoned building, an aspirational skyscraper, that is really a container that molds itself and assimilates what’s outside it for a common cause: survival. And this in turn represents another void: that of financial controls and another struggle between political and economic power. Ultimately, all we are doing is focusing on the imprint that power leaves in its wake: a void in solving problems and the massive amount of bureaucracy concentrated in the offices where decisions are made. That is the real theme park. The tower is a reality that is as human as geometry.There are other cities, like Johannesburg, that have similar cases.
Testo alternativo ImmagineSeñora María and family in her apartment on the 6th floor, where she lives and sells chucherías (home-made sweets).

In Israel, architects work according to military strategies to design whole housing estates. In Venezuela, architects have to cede their ideas to the most precarious needs. How can a profession be so successful in one place (determining even the height of windows on the basis of bombs) and be so unsuccessful in another (making a skyscraper that ends up as a place where bags of excrements are thrown from the fiftieth floor)? What determining cultural factors make contrasts like this possible? What is the point of continuing in a profession that is dedicated to such nonsense? What criticism of architecture as a design problem did you have to take on board in order to understand this phenomenon from a cultural viewpoint?
This is not an architectural or design-related problem. The architect of the tower planned to make a skyscraper to house a company, a hotel and a mall. Nobody planned for this building to be taken over by squatters. Basically, as the State did not respond to the housing deficit, people transform every space they find “idle” into a place to live. When people take over a building, they don’t see a construction loaded with cultural or formal implications, but a piece of wasteland with a roof and stairs, and ample space to set up home in. The building was left half-built because of a political and economic problem. Architecture here is nothing more than a vehicle to talk about things. The content moves around this vehicle, which might just as well have been a bridge, a hill, a plot of land or a warehouse.

It’s true that architecture and urban planning are matters for the State, in terms of what you mentioned about Israel. It’s also true that totalitarian regimes benefit from a particular type of architecture, which ends up being part of its discourse of power, as in the emblematic case of Albert Speer or many monumental constructions in communist countries. Liberal governments are driven by something different; they work to maintain public works, to foster spaces of consumption and pleasure, and grant architects creative freedom. In a sense, every State “constructs” its image through different decisions: what it demolishes, what it builds, what it forgets, what it does and doesn’t do. It would be interesting to do an analysis of our government in terms of its urban strategies, or lack of them.

In Israel, architects work according to military strategies to design whole housing estates. In Venezuela, architects have to cede their ideas to the most precarious needs. How can a profession be so successful in one place (determining even the height of windows on the basis of bombs) and be so unsuccessful in another (making a skyscraper that ends up as a place where bags of excrements are thrown from the fiftieth floor)? What determining cultural factors make contrasts like this possible? What is the point of continuing in a profession that is dedicated to such nonsense? What criticism of architecture as a design problem did you have to take on board in order to understand this phenomenon from a cultural viewpoint?
This is not an architectural or design-related problem. The architect of the tower planned to make a skyscraper to house a company, a hotel and a mall. Nobody planned for this building to be taken over by squatters. Basically, as the State did not respond to the housing deficit, people transform every space they find “idle” into a place to live. When people take over a building, they don’t see a construction loaded with cultural or formal implications, but a piece of wasteland with a roof and stairs, and ample space to set up home in. The building was left half-built because of a political and economic problem. Architecture here is nothing more than a vehicle to talk about things. The content moves around this vehicle, which might just as well have been a bridge, a hill, a plot of land or a warehouse.

It’s true that architecture and urban planning are matters for the State, in terms of what you mentioned about Israel. It’s also true that totalitarian regimes benefit from a particular type of architecture, which ends up being part of its discourse of power, as in the emblematic case of Albert Speer or many monumental constructions in communist countries. Liberal governments are driven by something different; they work to maintain public works, to foster spaces of consumption and pleasure, and grant architects creative freedom. In a sense, every State “constructs” its image through different decisions: what it demolishes, what it builds, what it forgets, what it does and doesn’t do. It would be interesting to do an analysis of our government in terms of its urban strategies, or lack of them.

Testo alternativo Immagine Left: An elevator shaft perforates the floor slabs of the parking lot. Looking downwards, one can see the kindergarten in barrio Sarría; upwards, a view of the tower’s evangelical wing. Right: The stairs leading to the tower’s parking lot. Despite the absence of handrails, they are regularly used by the building’s inhabitants.

Obviously the above comment is made by somebody who hasn’t spent time, like you have, with the people who took over the skyscraper. So, how important are the experiences you have with these people? How has the research you’re both doing determined what the squatters think of the building?
This project underwent a rupture. At the start we approached what for us was an idea of the tower, what it represented for the city, in Venezuelan art, as a form, grid, icon, metaphor. We made a series of works that reproduced what it looks like on the outside in terms of form and also in terms of its symbolism, the grid as a structure and history. It was important to adopt that distance from it. Then, when we entered the tower there was a shift. We might say that the language used on the inside is much more complex than we first thought and not because it is spectacular, but because it is organic. Everyone wants to live in the best possible conditions. When you are inside, you’re not in the tower, you are in shared corridors, on the stairs or in a person or a family’s home. The tower disappears when you are on the inside and it becomes a compendium of atomized languages that live together within the overall layout.

Roinner Hernández (aka Ronny), 20, works in a prestigious hair salon in the southeast of Caracas but also receives clients in his apartment on the 4th floor of the tower. As a mirror, he uses a sheet of glass taken from the facade of the tower.

In earlier works, you have both addressed the problem of representation by adopting very different approaches. Ángela approaches the problem as somebody who criticizes it through the way it is classified. Juan José seeks to create an iconography of forgetfulness. What was it about David’s Tower that led you to work together?
We started to work together in a different way, placing each of our works about the representation of memory and possible memories into dialogue. After this preliminary exercise, we decided to deal with making joint works and we focused on the tower, which allowed us to approach it from different places and disciplines. And it has worked. There is no overarching reason for this, except the possibility it offers us to bring together different references and trains of thought.

Southeast view of Caracas from the 26th floor. In the distance, one can make out the minaret of the Quebrada Honda mosque.

Cartelera con las normas y reglamentos para el piso 23, incluyendo información sobre los pagos y una lista de las personas responsables de mantenimiento
Testo alternativo ImmagineBulletin board with rules and regulations for the 23rd floor, including information on payments and a list of people responsible for maintenance.

 

 

 

 

 

Photos by Angela Bonadies y Juan José Olavarría  –  originally posted in domus magazine: http://www. domusweb.it/en/architecture/the-tower-of-david/